¿Es algo bueno organizar un evento deportivo de masas en un país? Por la cantidad de ciudades e incluso naciones enteras que maniobran para conseguirlo, con sus gobiernos implicados al más alto nivel, podríamos pensar que sí. Estos días hemos presenciado con cierto estupor la venta concesión de los próximos Mundiales a históricas potencias futbolísticas de la talla de Rusia y Qatar, con el consiguiente cabreo de los países perdedores. En especial en uno de ellos que ya se sentía triunfador, Reino Unido, la subasta de los campeonatos ha dejado una considerable resaca (más o menos como la que deben de tener ahora estos chicos que quedaron atrapados por la nieve durante ocho días en un pub de Yorkshire).
Y es que después de enviar hasta Zurich para convencer a la FIFA a sus más altos dignatarios –el Príncipe de Gales, el Primer Ministro y David Beckham–, en la prensa inglesa se preguntan cómo demonios consiguieron únicamente dos míseros votos (de veinte), que no les apoyaron ni los representantes de la Commonwealth, ten tantas colonias para acabar así. Más aún, esta humillación viene después de haberse gastado en la broma 15 millones de libras. Aunque la verdad, podría ser peor: los australianos se dejaron $40 millones en su candidatura fallida. A esos si que les han metido una manita. ¿Y nosotros? Pues vaya usted a saber, que aquí en España el inglés se nos da algo mal, y los poderes públicos tienen problemas para pronunciar eso de accountability, aunque suena bien (por cierto, ¿qué fue de la no nata ley de libertad de información prometida en 2004 y 2008?).
El caso es que algunos medios británicos han desvelado este año cómo los mandarines del fútbol mundial aceptan sobornos y ponen la cama al mejor postor, como si de vulgares políticos españoles se tratara, de modo que la FIFA parece haber decidido llevarse los Mundiales a países donde, casualmente, los periodistas hacen pocas preguntas (Índice de Libertad de Prensa: puesto #19 Reino Unido, puesto #39 España, puesto #121 Qatar, puesto #140 Rusia). Ciertamente es curiosa la facilidad con la que eventos de este tipo acaban celebrándose tan alegremente en países de dudoso o nulo respeto por los derechos humanos, desde los Mundiales y Olimpiadas de Italia o Alemania en los años treinta, a la China actual, pasando por la Argentina de Videla, etc. Así, es posible que los estadios con aire acondicionado qataríes sean construidos por todo un ejército de esclavos inmigrantes asiáticos que no tienen derecho a cosas como sindicarse o celebrar huelgas. O mejor dicho, no tienen derechos (y punto). Pero los juegos circenses siempre requieren algo de sangre, así que disimulen, como hacen el COI y la FIFA: show must go on.
La verdad, no sé de qué se sorprenden nuestros primos ingleses al enterarse ahora de que en este local se juega: estos eventos suponen una gran oportunidad... para todo tipo de corruptelas, así que es lógico que se organicen en los países más corruptos. Además, así se narcotiza al personal, no vayan a protestar (ironías del destino, el mundial ruso será en el centenario de la revolución bolchevique, reinando el zar Putin I). Panem et circenses, que dirían los clásicos. Et pastuqui, claro. O se creen que es casualidad la afición hispánica, más bien de derechas, por montarse con dinero público copas américa, carreras de formula1, masters de tenis, equipos en primera...
Dicen que todo esto sirve al interés general, nos beneficia al pueblo. Háganse una simple pregunta, ¿merece la pena subvencionar entre todos a deportistas de élite y a sus farmacéuticos, a televisiones, a constructoras, empresas hosteleras y burdeles? Porque eso es, básicamente, lo que queda tras los fuegos artificiales de un gran evento de este tipo. Y realicen una regla de tres: si en una visita relámpago del pontífice germano a Valencia los políticos y empresarios del lugar se las ingeniaron para robar 8 millones de euros por una misa (y unas cuantas hostias), imagínense lo que podría dar de sí organizar un Mundial, cuando el presupuesto ofrecido por España era de 2000 millones de euros. Dos mil. Una verdadera máquina para llenarse los bolsillos con cargo al erario, mientras el público aplaude encantado entre siesta y siesta.
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| Estado actual del Nou Mestalla, Valencia, paralizado desde hace dos años tras explotar la burbuja inmobiliaria que había de financiarlo. Una metáfora de tantas cosas... |
Quizá, como diría el Papa, la mejor manera de no pecar sea alejarse de la tentación, hijos míos. Así que igual es mejor que monten esos festejos en la república bananera de al lado, mientras nosotros lo vemos por la tele, con la camiseta de la roja y unas cervezas, entre amigos. Por los dos mil kilos no se preocupen, que podemos emplearlos en ganar en otros ránkings, como por ejemplo, el informe PISA. Eso sí que sería meter un gol por toda la escuadra.

1 comentario:
¡Memorable! Necesitamos uno de estos por semana...
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