30 dic 2010

Cuando una ley lleva tu nombre

Lo de que una ley adopte el nombre propio de quien la propuso es una tradición relativamente reciente, pues empieza no antes del Código de Hammurabi. Parece que se extendió la costumbre en la República romana, donde los padres de la patria vencían a la muerte y pasaban a la posteridad dejando su nombre en una ley, como la lex Calpurnia, que rememora al famoso Calpurnio (?). Bueno, quizás un ejemplo mejor sea el de la lex Iulia, que recuerda el año en que fueron cónsules Julio y César. Dicha ley, por cierto, tipificaba ya hace dos mil años el cohecho pasivo en los gobernadores de provincias, aunque parece que nunca llegó a orillas del Turia, ni un poco más al norte. Para que luego digan que el derecho romano no es útil. Pero sigamos.

En España, una ley puede llevar tu nombre por algo positivo: tal es el caso de la Ley Azcárate, de represión de la usura (desde 1908 aún en vigencia, aunque no lo parezca). Por cierto, que era originario de León, el bueno de Gumersindo Azcárate. Quizá su legado podría inspirar a algún otro prócer leonés para legislar contra la usura, las hipotecas leoninas y la avaricia bancaria. ¿Sería bonito, verdad? Pero dejemos de soñar y centrémonos en el tema. Realmente se trata de una excepción, pues generalmente las leyes españolas llevan nombre propio por algo malo, como no podía ser de otra manera en este país. Véase por ejemplo la Ley Corcuera, que permitía a la policía entrar en tu casa sin orden judicial, por las bravas (lo cualo no dejaba de ser una secular tradición hispánica, más o menos como la tauromaquia; un incomprendido, el pobre Corcuera).


El último caso de leyes con apellido ha sido con la sonada Ley Sinde, de lucha contra el intercambio de cultura protegida por copyright en Internet, y que recibe tal nombre en honor de la madre de la patria Ángeles González-Sinde. Se trata de la tercera ministra de cultura en el sexto año de la administración Zapatero, si bien no está afiliada al Partido Socialista, al igual que su colega Miguel Sebastián, muy popular estos días con la subida del 10% en la luz. Popular entre las empresas eléctricas, me refiero. En fin, volviendo a Sinde-scargas, algunas malas lenguas podrían pensar que nombrar ministra de Cultura a la Presidenta de la Academia de Cine sería un poco como nombrar ministro de Fomento a Florentino Pérez, o ministro de Hacienda a Carlos Fabra –ésto último no descartaría que pasara a partir de 2012–. Vamos, como dice el refranero, poner al zorro a cuidar de las gallinas. Pero debemos presumir que aquí los servidores públicos se abstienen de los asuntos donde tengan algún interés personal. Que somos un país serio, hombre.

Era ésta, la lex Sinde, una ley que interesaba mucho también a los embajadores del Imperio, según revela ese enemigo de la democracia que es Wikileaks. Así que quizá sería más justo llamarla, qué sé yo, Sinde-Solomont Act, para darle ese sabor americano que incorpora y reafirmar así nuestra soberanía nacional ante las presiones extranjeras.

Pero realmente la Ley Sinde no es propiamente una ley, sino una Disposición Adicional Segunda de la Ley de Economía Sostenible (LES) (pdf). Es un poco como las muñecas rusas, una dentro de la otra. De muy amplio y diverso contenido, la citada LES se publicitó como el instrumento para cambiar de modelo económico, desde uno basado en el ladrillo a otro fundado en las ideas, el conocimiento, y tal y cual. La solución para salir de la crisis y relanzar a nuestro país hacia la prosperidad y el progreso. Todo muy bonito, pero...


Pero algún intelectual en el gobierno debió de pensar que, total, en España nadie va a leer el BOE. Así que vamos a colar aquí escondido lo del Internet ese, que no se va a enterar ni dios de la jugada, y así tenemos contentos a los pesaos esos de la SGAE y a su Excelencia Mr.Ambassador. El resultado es el que cabía esperar con semejante chapuza: ya nadie habla de la Economía Sostenible, sino que todo el debate ha quedado monopolizado por esa Disposición Adicional; ya no es la LES, sino la Ley-Sinde, que lleva casi dos años paralizada en el Parlamento, y aún así no han sido capaces de aprobarla por quedarse solos con el marrón. Más que la economía, lo que han conseguido relanzar es al PP hacia la Moncloa, hacer el ridículo y movilizar a miles de internautas en contra del Gobierno. Brillante estrategia, sin duda. No me explico cómo pueden estar en las encuestas a más de 13 puntos por debajo de la oposición más inoperante y corrupta de la historia, con mentes tan privilegiadas.

En fin, al menos Sinde ha conseguido su minuto de fama con su ley. La verdad es que es raro hoy en día, apellidar legislación. Todo suele quedar en un impersonal Ley 666/2011, de 29 de febrero, de medidas urgentes en materia de auxilio a banqueros en apuros, o cosas así. ¿Es un avance democratizador, o por el contrario un síntoma de la menguante calidad del legislativo? Y los 349 Diputados restantes, y 264 Senadores, ¿darán su nombre a alguna ley? Bueno, para eso está claro que habría que empezar por trabajar.

¡Felices Fiestas!

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