“Cuando el sabio señala a la luna, el tonto se queda mirando al dedo”. Sin ser la sabiduría una virtud muy abundante en el gobierno, esta frase resume a la perfección el fuerte debate generado en torno a la impopular reducción de la velocidad permitida a 110km/h. Que si se ahorra mucho, que si poco, el 15%, el 2%, medida recaudatoria, despilfarro en señales, entrevistas a expertos (tales como a mi primo que es taxista, o incluso a Fernando Alonso – periodismo riguroso y de calidad), o el derecho inalienable a conducir a 120: ante todo mucha, mucha demagogia.
Vamos a ver: la reducción de velocidad no es el tema. Se trata tan solo de algo anecdótico, la punta del iceberg que anuncia algo mucho más serio y preocupante contra lo que vamos a chocar: el fin del petróleo barato y nuestra dependencia suicida del mismo, que nos acabará arrastrando a otra grave crisis económica.
Toda la economía mundial depende de poder quemar petróleo a precios razonables. Aunque el precio se dispare, seguimos necesitando comprar la misma cantidad en el extranjero (a democracias estables amantes de la paz tales como Irán, Rusia, Libia, Irak…). Y lo tenemos que comprar sea al coste que sea: es un bien cuya demanda es altamente inelástica, insustituible. Igual que la heroína para un adicto. Y si el petróleo nos cuesta más, eso significa reducir el gasto en todo lo demás, renunciar a cosas. Menos consumo. Pero a la vez, el precio del petróleo empuja al alza el precio de todos los demás bienes, que requieren de petróleo para producirse o transportarse, empezando por los alimentos y siguiendo con todo lo demás. La inflación ya está en el 3,6% y subiendo. Todo esto lleva al desplome del consumo, la consiguiente reducción de la producción (la temida estanflación), el cierre de empresas, más parados, aumento del déficit comercial y de la deuda pública,…
Esto es algo más que teoría económica, es algo que ya ha sucedido en anteriores recesiones causadas por el alto precio del petróleo: 1973-74, 1980, 1990-91. Incluso la Gran Recesión de 2008 surgió tras alcanzarse el récord histórico en el aumento del precio del petróleo, que llegó a 147$ el barril en Julio de 2008; dos meses después quebró Lehman Brothers y se desató el Armagedón. De hecho algunos economistas creen que el petróleo fue la causa principal detrás del colapso financiero global del que todavía estamos convalecientes.
¿Reducir la velocidad en 10km/h? Esa es la menor de nuestras preocupaciones, un tímido primer paso de lo que ha de venir en próximos capítulos. Si el gobierno está dispuesto a tomar decisiones impopulares que no parecen contentar a nadie, es que verdaderamente algo está pasando. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar? Atentos a los próximos Consejos de ministros. Pero el uso masivo del coche privado en ciudades y autovías pronto será historia, un capricho del siglo XX: ya sea porque el gobierno se adelante y tome medidas preventivas, o bien porque la realidad internacional nos lo acabe imponiendo vía precios prohibitivos. Ya no es una cuestión de ecología o contaminación, es toda la economía la que está al borde del abismo, gracias a nuestra adicción a la gasolina.
P.D: Esto no es algo coyuntural o pasajero. El alto precio actual del petróleo no se debe a la cuasi guerra civil de Libia, país que apenas produce el 2% del crudo mundial. Tampoco a la especulación. Ambos influyen en cierta medida, pero cabe recordar que el precio del petróleo ya rondaba los 100$ antes de comenzar las primeras revueltas en Túnez. El petróleo seguiría siendo enormemente caro aunque el norte de África fuese un remanso de paz y buena administración. Conviene mentalizarse de que sólo volveremos a ver el petróleo relativamente barato cuando estemos en medio de una grave recesión económica, y ahí no queremos volver otra vez, ¿o si?


1 comentario:
Gran post, as usual.
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